Vidas fragmentadas entre ventanillas

Es una mañana absolutamente normal hasta que de pronto ves que el coche de delante pone los cuatro intermitentes. La primera reacción acostumbra a ser reducir la velocidad, tratar de establecer una conexión telepática con el conductor para intentar averiguar qué emergencia puede tener el vehículo y cambiar de carril si es posible para no entorpecer la circulación. La incógnita, sin embargo, se despeja rápido cuando alzas un poco más la vista y confirmas lo que ya intuías: una larga cola de coches obstaculiza tu camino, lo que comúnmente se conoce como una caravana que probablemente hará que llegues tarde a tu destino.

Cuando esto sucede tienes dos opciones. La primera de ellas es no parar de mirar el reloj  y llegar a la conclusión de que los minutos y los quilómetros son magnitudes inversamente proporcionales: el tiempo pasa muy rápido, pero avanzas muy poco. No obstante, si quieres sobrevivir sin necesidad de que los nervios se acaben adueñando de tu persona, lo mejor será escoger la segunda opción: empezar a contemplar qué hacen tus vecinos desde sus casas portátiles en forma de coche.

La vecina coqueta siempre existe y esa es la mujer que está a mi derecha. Mirándose en el espejo retrovisor, con mucha delicadeza cubre de maquillaje las pequeñas imperfecciones de la piel y crea una armadura con la que se sentirá preparada para exponerse al resto del mundo. A mi izquierda el escenario es totalmente distinto: un hombre perfectamente trajeado se convierte durante este lapso de tiempo en estrella de rock y ofrece un pequeño concierto a los coches más próximos cantando la banda sonora que reproduce su radio. Por último está el de atrás. Un chico y una chica que no deben llegar a los 30 años hablan distendidos, se intercambian alguna sonrisa, callan para contemplar el estado de la caravana y prosiguen con su conversación.

Es entonces cuando te das cuentas de que las ventanillas del coche son, en parte, pequeñas pantallas de cine que proyectan en 3D fragmentos de vidas. Ese espacio que has hecho tuyo y consideras privado es también un pequeño escaparate en el que eres observado por ojos de otros conductores. Y mientras pienso todo esto, la caravana parece que ya se empieza a despejar. La coqueta ha dejado sus pinturas, la voz del cantante ahora suena más animada, y yo, la observadora, más me vale arrancar el coche si no quiero que el chico de atrás me empiece a pitar.  

2 comentarios en “Vidas fragmentadas entre ventanillas

  1. Fantastica descripción de una realidad tan habitual como son “los compañeros de caravana”. El enlace de las historias es realista, ameno y divertido.Felicidades!!! Siempre es gratificante que existan cocineros que como tú creen nuevos platos que inviten a la lectura.

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    • No sé qué haríamos en una caravana sin esos compañeros que nos amenizan la espera 🙂 Me alegro de que te haya gustado Pilar, con comentarios así es un placer seguir cocinando platos nuevos!! Muchas gracias!! 😀

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