Ojos cerrados y miradas abiertas

Siempre he pensado que una de las partes más poderosas del cuerpo humano son los ojos. A través de la mirada, son capaces de hablar por sí solos cuando las palabras faltan o están de más, son los grandes aliados de la sinceridad y siempre están dispuestos a revelar esa realidad de la que ni tú mismo eras consciente. También son capaces de gritar en silencio cuando no quieres hacer ruido, de desprender destellos de alegría cuando no puedes saltar y de querer a alguien sin necesidad de decir nada. Sigue leyendo

Mi rincón favorito

Todos tenemos un rincón favorito en el mundo que nos hace sentir bien; que, por mucho tiempo que pases sin ir a él, cuando regresas te das cuenta que no ha dejado de esperarte; que es tal y como lo recordabas, inluso más bonito; y que sigue dispuesto a escuchar tus pensamientos una vez más, y sin más. Sigue leyendo

Al calor del fuego

Si hay algo que tiene la capacidad de dejarme hipnotizada es observar el fuego de una chimenea durante una noche de invierno. Ese fuego que se aviva a medida que consume la leña que lo alimenta, que va desprendiendo el calor que tu cuerpo necesita absorver para dejar de tener frío, y que te va aromatizando con ese particular olor que te traslada a un mundo paralelo. Sigue leyendo

Lluvia confinada

Hoy ha caído lluvia. Una lluvia que limpia calles desiertas. Que busca personas a las que mojar y niños a los que contentar con sus charcos. Que echa de menos ver los paragüas que están de moda esta primavera, los chubasqueros de los más valientes y las bolsas en la cabeza de quienes todavía creen que sirven para alguna cosa. Sigue leyendo

Cielo de montaña

Lo que más me gusta de la noche en la montaña es el cielo. El cielo, con sus estrellas, que lo visten con su mejor gala para que debute ante las miradas expectantes de terrícolas que no entienden por qué su cielo de ciudad se empeña en esconderlas. Y ahí está una de esas terrícolas, notando cómo el frío empieza a calar su cuerpo, pero incapaz de apartar la mirada de esos puntos celestes que logran poner en duda que “noche” sea sinónimo de “oscuridad”.

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Descubriendo Tailanda: cosas que te pueden pasar en un taxi

Antes de ir a Tailandia, nos habíamos informado de lo que debíamos tener en cuenta si queríamos coger un taxi. Encabezaba el “Top 10” comprobar que tuvieran taxímetro y asegurarse de que lo pusieran al iniciar el trayecto. También nos habían hablado de la aplicación Grab – la versión tailandesa de lo que aquí conocemos como Uber o Cabify- y, de hecho, se convirtió en nuestra principal aliada para desplazarnos por las diferentes ciudades a las que fuimos. Pero, si te dijeran que te puedes encontrar a un taxista que no sabe llegar a un aeropuerto, ¿te lo creerías? Nosotros habríamos dicho que no, de no ser porque un día cualquiera de julio, camino hacia el aeropuerto Suvarnabhumi de Bangkok, pudimos comprobar en primera persona que sí era posible.

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Descubriendo Tailandia: Ayutthaya

Eran las 6:45h y apenas hacía 30 minutos que había sonado el despertador. Con el sueño todavía pisándonos los talones, bajamos al hall del hotel y ahí estaba sentado, muy puntualmente, el guía que nos iba acompañar en nuestra excursión de un día a Ayutthaya. Visitar esta ciudad histórica, ubicada a poco más de 80km de Bangkok, estaba en nuestros planes prácticamente desde el primer momento que decidimos viajar a Tailandia. Se trata de la antigua capital del reino de Siam y su Parque Histórico, que es donde se concentran los yacimientos arqueológicos que han sobrevivido hasta nuestros días, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1991.

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Descubriendo Tailandia: Bangkok

El olor a comida en cada rincón que acentúa tu sentido del olfato a límites desconocidos. El ir y venir de coches que se toman los semáforos como si fueran simples estatuas decorativas a las que no hay que hacer caso. Vida, mucha vida, en las calles, junto a alguna rata y alguna cucaracha –menos de las esperadas– que hace más emocionante el paseo. Y, como no, el sinfín de tuk tuks que tratan de encontrar el mejor postor. Estas son algunas de las primeras imágenes que recuerdo del viaje que acababa de empezar. Imágenes que vinieron justo después de ver –importante mencionarlo– cómo se balanceaba un inquietante muñeco con forma de pollo en la parte trasera de un taxi, el mismo taxi que nos tenía que llevar hasta el hotel.

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