Descubriendo Tailanda: cosas que te pueden pasar en un taxi

Antes de ir a Tailandia, nos habíamos informado de lo que debíamos tener en cuenta si queríamos coger un taxi. Encabezaba el “Top 10” comprobar que tuvieran taxímetro y asegurarse de que lo pusieran al iniciar el trayecto. También nos habían hablado de la aplicación Grab – la versión tailandesa de lo que aquí conocemos como Uber o Cabify- y, de hecho, se convirtió en nuestra principal aliada para desplazarnos por las diferentes ciudades a las que fuimos. Pero, si te dijeran que te puedes encontrar a un taxista que no sabe llegar a un aeropuerto, ¿te lo creerías? Nosotros habríamos dicho que no, de no ser porque un día cualquiera de julio, camino hacia el aeropuerto Suvarnabhumi de Bangkok, pudimos comprobar en primera persona que sí era posible.

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Descubriendo Tailandia: Bangkok

El olor a comida en cada rincón que acentúa tu sentido del olfato a límites desconocidos. El ir y venir de coches que se toman los semáforos como si fueran simples estatuas decorativas a las que no hay que hacer caso. Vida, mucha vida, en las calles, junto a alguna rata y alguna cucaracha –menos de las esperadas– que hace más emocionante el paseo. Y, como no, el sinfín de tuk tuks que tratan de encontrar el mejor postor. Estas son algunas de las primeras imágenes que recuerdo del viaje que acababa de empezar. Imágenes que vinieron justo después de ver –importante mencionarlo– cómo se balanceaba un inquietante muñeco con forma de pollo en la parte trasera de un taxi, el mismo taxi que nos tenía que llevar hasta el hotel.

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