El libro de los mil pensamientos

Cada día le veía hacer los mismos movimientos. Se sentaba en la arena, contemplaba fijamente el mar, y absorto en su mundo, tomaba notas en su pequeña libreta de tapa aterciopelada. Poco parecía importarle los pescadores que le observaban a escasos metros, los pájaros que emprendían un nuevo viaje alzando el vuelo, o bien la chica que paseaba a sus perros por la orilla antes de ir a trabajar. Esta última era yo.

A medida que fueron transcurriendo las semanas ese anciano desconocido acabó convirtiéndose en lo que yo llamo un extraño familiar, o lo que es lo mismo, una persona con la que te cruzas de una forma más habitual que esporádica, pero que no sabes nada de ella. Su presencia actuaba como indicador de que todo estaba en orden y sólo por eso ya empezaba el día con la certeza de que todo iría bien. No obstante, cada mañana tenía que hallar la paz en la lucha de los impulsos contra la razón. Los primeros me obligaban a acercarme y saber más de él, los segundos me contenían y me decían que lo correcto era pasar de largo sin interrumpir sus pensamientos. La razón tenía el récord de victorias, pero el quemazón de venganza que dejaba ir el impulso vaticinaba que la lucha continuaría al día siguiente.

Así, casi sin darme cuenta, se cumplió un mes desde la primera vez que lo vi. La rutina ya empezaba a poner en juego la pérdida de interés, hasta que de pronto una mañana no era el anciano quien ocupaba la arena, sino su libreta. “¿Se la habrá olvidado?”, fue lo primero que me pregunté. Me acerqué a contemplarla más de cerca, y temerosa, me atreví a cogerla.  Miré a mi alrededor y no había ni rastro de él. “¿La abro o la vuelvo a dejar donde estaba?”, me planteé. Esta vez el impulso ganó y decidí leer, al menos, la primera página.

Querido lector, querida lectora,

Ahora esta libreta le pertenece. Tómese su tiempo, siéntese y escuche bien lo que estas palabras le quieren contar. Saboree bien este momento, pues lo recordará toda su vida, y cuando haya acabado, espero que siga teniendo las mismas ganas de seguir leyendo que ahora y mas aún de comenzar a escribir. 

Cada uno de los textos que dan vida a esta libreta son únicos, irrepetibles, salidos de las mentes más dispares que forman parte de este mundo. Cada mes el azar elige a un lector, como usted, para que se convierta en el autor de “El libro de los mil pensamientos”. La persona escogida asume la tarea de escribir durante 30 días, en un lugar que sea especial para él, todo aquello que su mente le dicta para que quede plasmado en un papel.  

Si no es de su agrado lo que le propongo, le invito a dejarla donde la ha encontrado. En caso contrario, quédesela, lea lo que en ella han escrito otras personas y llénela con aquello que quiera compartir. Un vez llegado al término, tendrá que dejarla en el lugar escogido y otro lector que oiga su llamada, como la ha oído usted, se acercará para cogerla y continuar con la creación. 

Mientras leía estas últimas palabras, empecé a andar para dirigirme a lo que iba a ser mi pequeño rincón de escritura durante los siguientes 30 días. Las manos me temblaban, no sabía si por la emoción o por la incertidumbre de si aquello que estaba leyendo era real. En todo caso la libreta seguía entre mis manos, y si algo tenía claro, es que iba a aprovechar al máximo el tiempo que iba a pasar junto a ella.

 

 

2 comentarios en “El libro de los mil pensamientos

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